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domingo, julio 07, 2013

El movimiento dentro de una neurona

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martes, enero 15, 2013

Discurso de Gettysburg: Copia de Nicolay, 1863


Este documento representa el primero de los cinco borradores conocidos de lo que es probablemente el discurso más famoso de los Estados Unidos. Pronunciado por el presidente Abraham Lincoln en Gettysburg, Pensilvania, en la dedicatoria de un cementerio conmemorativo el 19 de noviembre de 1863, ahora se conoce familiarmente como «El discurso de Gettysburg». Inspirado en su documento histórico favorito, la Declaración de Independencia, Lincoln equipara el sufrimiento catastrófico causado por la Guerra Civil estadounidense (1861-1865) con los esfuerzos del pueblo estadounidense para estar a la altura de la proposición de que «todos los hombres son creados iguales». Se presume que este documento es el único borrador en preparación, o anterior a ser pronunciado, y comúnmente se lo identifica como la «Copia de Nicolay», ya que fue propiedad de John George Nicolay, el secretario privado de Lincoln. La primera página está en papel con membrete de la Casa Blanca (en ese entonces Casa de Gobierno), dando un fuerte apoyo a la teoría de que fue elaborado en Washington, D.C. Sin embargo, la segunda página está escrita sobre lo que se ha descrito vagamente como papel folio, lo que sugiere que Lincoln no estaba plenamente satisfecho con el último párrafo del Discurso y reescribió el pasaje en Gettysburg el 19 de noviembre, durante su estadía en la casa del juez David Wills.






Fuente





President Abraham Lincoln
November 19, 1863
"Fourscore and seven years ago our fathers brought forth on this continent a new nation, conceived in liberty and dedicated to the proposition that all men are created equal.
Now we are engaged in a great civil war, testing whether that nation, or any nation so conceived and so dedicated, can long endure. We are met on a great battlefield of that war. We have come to dedicate a portion of that field as a final resting-place for those who here gave their lives that that nation might live. It is altogether fitting and proper that we should do this. But, in a larger sense, we cannot dedicate — we cannot consecrate — we cannot hallow — this ground. The brave men, living and dead, who struggled here have consecrated it, far above our poor power to add or detract. The world will little note, nor long remember what we say here, but it can never forget what they did here. It is for us the living, rather, to be dedicated here to the unfinished work which they who fought here have thus far so nobly advanced. It is rather for us to be here dedicated to the great task remaining before us — that from these honored dead we take increased devotion to that cause for which they gave the last full measure of devotion — that we here highly resolve that these dead shall not have died in vain — that this nation shall have a new birth of freedom and that government of the people, by the people, for the people, shall not perish from the earth."







He añadido imágenes encontradas en varios sitios web, ya que se encuentran varios borradores del mismo discurso. Me pareció importante además, terminar con el original expuesto en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos ((Washington, D. C.).

jueves, diciembre 06, 2012

Miedo: cuando el mundo se detiene



Hace que todo el resto del entorno entre en un compás de espera hasta que ese peligro sea resuelto de alguna manera.

El miedo es uno de esos estados emocionales que hace que el mundo se detenga, que todo el resto del entorno entre en un compás de espera hasta que ese peligro sea resuelto de alguna manera.
Vivimos en un estado emocional. Cuesta imaginar cómo sería nuestra vida sin alegrías, tristezas, enojos o miedos. Las emociones constituyen una parte crítica de nuestra experiencia que adhieren color a nuestros estados mentales e influyen en nuestras conductas. También son claves para nuestra memoria, para tomar decisiones, para ayudarnos a evitar el dolor y a buscar el placer. En todo aquello que nos resulta importante están involucradas las emociones. Los antiguos griegos las llamaban "pasiones" y son las que nos emparentan con nuestras raíces animales. Nos atan a nuestro pasado evolutivo (tenemos hambre, miedo, instintos sexuales) pero, al mismo tiempo, nos hacen únicos dentro del reino animal.

El miedo es uno de esos estados emocionales que hace que el mundo se detenga

La emoción es un proceso influido también por nuestro pasado personal que produce cambios corporales y de comportamiento. El estudio moderno de la emoción comenzó con Charles Darwin. Él fue quien se dio cuenta de que algunas emociones (el miedo, la tristeza, la alegría, la sorpresa, la ira y el disgusto) estaban presentes en diferentes especies animales y eran homólogas a las emociones humanas. Hoy sabemos que las estructuras cerebrales fundamentales para el procesamiento emocional son arquitectónica y funcionalmente muy parecidas en todos los mamíferos y hay quienes sostienen que estructuras similares se pueden encontrar también en reptiles, pájaros y peces. En otras palabras, la detección eficiente de estímulos relacionados con la supervivencia (como la presencia de alimentos, de potenciales parejas o de predadores) es algo que se fue desarrollando durante millones de años y que no se modificó demasiado. La diferencia entre los seres humanos y otras especies radica en el procesamiento de esas emociones (en especial en términos de "sentimientos"). Esto se debería al desarrollo de otras capacidades mentales complejas y su interacción con el sistema más "primitivo" de procesamiento de estímulos de relevancia biológica involucrados en la supervivencia de la especie. Además de las emociones básicas, hay emociones secundarias como la culpa, la vergüenza y el orgullo, que dependen del contexto cultural y social.
El psicólogo estadounidense Paul Ekman descubrió que ese set de emociones básicas de las que hablaba Darwin estaba presente en diferentes culturas. Fue así que realizó investigaciones transculturales en una tribu en Papúa Nueva Guinea cuyos integrantes nunca habían tenido contacto con Occidente. Estos miembros de una cultura aislada podían reconocer las expresiones emocionales cuando veían la foto de alguien con quienes nunca habían estado familiarizados. Y no sólo eso: cuando les pedía que representaran esas emociones, ellos podían hacerlo sin complicaciones. La conclusión de Ekman fue la siguiente: si estas emociones básicas tenían rasgos faciales distintivos y estaban presentes en todas las culturas humanas, deberían contar con un sello biológico.

La emoción es un proceso influido también por nuestro pasado personal que produce cambios corporales y de comportamiento

De estas emociones básicas, sin dudas la que se ha estudiado con mayor detalle a lo largo de las últimas décadas ha sido el miedo. El miedo es un estado emocional negativo generado por el peligro o la agresión próxima. Como referimos en los primeros renglones, cualquier otro estado emocional puede ser pospuesto; el miedo, no. Uno tiene que responder al miedo de manera inmediata; por lo tanto siempre se halla privilegiado en relación a otras emociones. La amígdala, un pequeño núcleo de neuronas situado en los lóbulos temporales de nuestro cerebro, desempeña un papel crucial en la detección y expresión de ciertas emociones, pero particularmente en el miedo. Individuos con lesiones en esta parte del cerebro tienen dificultad en reconocer expresiones de miedo en otras personas y presentan un déficit en su "memoria emocional", es decir, carencia de memoria para eventos pasados personales que tuvieran una connotación emocional, especialmente negativa.
¿Cómo podríamos caracterizar la secuencia de eventos que nos suceden cuando sentimos miedo? Imaginemos el caso extraordinario de que un tigre hambriento entra en nuestra casa. ¿Qué es lo primero que nos sucede? Sin dudas, los cambios en nuestro cuerpo como el aumento de la frecuencia cardíaca y la sensación de terror y pánico. Estos dos procesos son diferenciables: el primero podemos medirlo de manera objetiva; el segundo, a través de un autorreporte que nos brinda la misma persona que lo experimenta, es decir, del procesamiento de la emoción. Ante un estímulo amenazante, se activa la amígdala, que actúa como una central de alarma en nuestro cerebro y se inicia una respuesta que involucra a nuestro organismo para la huida o la defensa.
Los humanos además contamos con un sistema más elaborado para protegernos: la ansiedad. El miedo (detectar y responder al peligro) es común entre las especies. Sin embargo, la ansiedad (técnicamente se llama así a un estado emocional negativo en el que la amenaza no está presente, pero es anticipada) depende de habilidades cognitivas que solamente han sido desarrolladas en el humano. Esta característica está dada por la habilidad única que tenemos los seres humanos de poder revisar el pasado y proyectar el futuro. Es así que podemos vislumbrar varios escenarios posibles en el futuro y recrear, a la vez, eventos del pasado que podrían haber ocurrido pero que no existieron realmente. Esta capacidad de proyección sobre el pasado y el futuro le ha otorgado a los seres humanos un instrumento crucial para su supervivencia: resolver antes de que sea tarde, prepararse antes de que el peligro se haga presente.

La diferencia entre los seres humanos y otras especies radica en el procesamiento de esas emociones (en especial en términos de "sentimientos").

Pero, ¿qué pasa cuando experimentamos ansiedad frente a eventos que no son peligrosos en sí mismos? La ansiedad genera que, ante riesgos imaginarios, el sistema de alarma igual se dispare. Un ejemplo clásico es el siguiente: supongamos que estamos caminando por la calle y, súbitamente, aparece un ladrón que nos amenaza y nos roba la billetera. En esa vivencia sin duda experimentamos cambios corporales concretos como respiración agitada, palpitaciones, sudoración, entre otros síntomas. Esa reacción es el miedo. Un tiempo después, nos encontramos caminando por el mismo lugar y, aunque nadie nos amenaza ni nos roba, nos preocupa encontrarnos con un ladrón. La experiencia de transitar por ese mismo camino nos llena de preocupación.
Ese sistema de alarma puede no funcionar correctamente cuando no anticipa un peligro inminente, como en el caso antedicho de lesiones en el lóbulo temporal. Pero también cuando empieza a detectar peligros donde no los hay y a evaluar los riesgos en exceso. Esto último es lo que ocurre en los trastornos de ansiedad, los desórdenes psicopatológicos más comunes en las sociedades modernas. El factor común de esta patología es la evaluación exagerada de los peligros del ambiente, el miedo que paraliza. Una ilustración literaria de esto es la que narra el protagonista de "El corazón delator" de Edgar Allan Poe: "¡Es cierto!", así comienza el cuento, "Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno."

Uno tiene que responder al miedo de manera inmediata; por lo tanto siempre se halla privilegiado en relación a otras emociones

El miedo también afecta nuestra vida en sociedad, como sostiene el neurocientífico de la Universidad de Nueva York, Joseph Ledoux, quien postula: "El miedo puede, definitivamente, modular las situaciones sociales. Maridos, esposas, padres y profesores usan el miedo igual que los políticos para conseguir objetivos sociales. Éste no es un juicio de valor. Es justamente lo que hacemos. Sería mejor si usásemos formas menos aversivas de motivación pero precisamente porque el miedo funciona tan bien, es por defecto lo que más usamos". Sería mejor, sin dudas, que ciertas emociones básicas positivas nos guiaran en las construcciones interpersonales y sociales de gran escala. Hay muchos ejemplos de esto en la historia y seguramente los habrá en el futuro. El miedo no moviliza, más bien todo lo contrario, encuentra su provecho en el toque de queda. Es a través del terror extremo como se construyen los sistemas autoritarios: la amenaza permanente a quienes no adscriben al mismo, el temor a la pérdida de la integridad. Esa estrategia primitiva de coerción dista mucho de lo que las sociedades modernas y democráticas mantienen como ideal. La comunidad solidaria que deben constituir las naciones tiene que ver también con saber curarnos los espantos los unos a los otros, y que, en todo caso, el que persevere sea aquel que supo cantar García Lorca: el miedo a perder la maravilla.
Por Facundo Manes
Para LA NACION

domingo, diciembre 02, 2012

ESCRITORES - Paulina Vinderman



Nació en 1944 en Buenos Aires, ciudad donde reside. Estudió en la Universidad de Buenos Aires el doctorado en bioquímica, como mandato familiar, egresando en 1966 y, como oyente y en forma privada, Historia del Arte. Se dedicó después a la traducción y a la docencia. Recorrió por tierra el continente, desde la Patagonia hasta México, en auto, ómnibus, tren y camión.
 
Publicó los siguientes libros de poesía:
ü   
  • Bote negro, (Vaso Roto Ediciones, España - México, 2010)
  • Los gansos salvajes, (Antología, Universidad Autónoma de Nuevo León, Posdata Ediciones, México, 2010)
  • Bote negro, (Alción Editora, 2010)
  • El vino del atardecer, (El suri porfiado, 2008)
  • Hospital de veteranos, (Alción Editora, 2006)
  • Transparencias, (Antología poética, Arquitrave Ediciones, Bogotá, Colombia, 2005)
  • Cónsul honoraria, antología personal, (Summa poética, ed. Vinciguerra, 2003)
  • El muelle, (Alción Editora, 2003)
  • Bulgaria, (Libros de Alejandría, 1998)
  • Escalera de incendio, (Ed. Último Reino, 1994)
  • Rojo junio, (Literatura Americana Reunida, 1988)
  • La balada de Cordelia, (Fundación Argentina para la poesía, 1984)
  • La mirada de los héroes, (ed. Botella al Mar, 1982)
  • La otra ciudad, (Ed. Botella al Mar, 1980)
  • Los espejos y los puentes, (Ed. Buenos Aires Sur, 1978)

Obtuvo entre otras distinciones:

  •  Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina de la Poesía 2010.
  • Primer Premio Municipal Ciudad de Buenos Aires (bienio 2002-2003)
  • Premio Literario de la Academia Argentina de Letras, género Poesía, 2004-2006 a trayectoria y "Hospital de veteranos".
  • Premio Citta' di Cremona 2006 al conjunto de su obra
  • Premio Anillo del Arte a mujeres notables 2006
  • Premio Letras de Oro 2002 a escritor destacado, de la Fundación Honorarte
  • Premios Fondo Nacional de las Artes 2002 y 2005
  • Premio Nacional Regional de la Secretaría de Cultura de la Nación (cuatrienio 93-96).
  • ercero y Segundo Premio Municipal Ciudad de Buenos Aires (bienios 88-89 y 98-99 respectivamente)

Ha sido incluida en numerosas antologías y traducida parcialmente al inglés, al italiano y al alemán. Sus poemas fueron, además, objeto de estudios y ensayos.
Ha colaborado (con poemas, artículos y reseñas literarias) en publicaciones del país y del exterior: La Nación (Bs. As.), La Prensa (Bs. As.), Clarín (Bs. As.), El Espectador (Bogotá, Colombia), Hora de Poesía (España), Babel (Bs. As.), Babel (Venezuela), Diario de Poesía (Bs. As.), Intramuros (Bs. As.), Hispamérica (USA), entre otras.
Colaboró con Nina Anghelidis en la traducción al castellano de "Votos por Odiseo", de la poeta griega Iulita Iliopulo y tradujo al castellano a John Oliver Simon (Berkeley, USA), Sylvia Plath, Michael Ondaatje, Emily Dickinson, entre otros.

Biografía tomada de www.paulinavinderman.com.ar

Suelo escribir con una pilot negra, en cualquier papel, sobre todo en bares y en manuscrito. Traducciones, reseñas, artículos, puedo hacerlo directamente en la computadora. El poema, no. Necesito el contacto de la pluma sobre el papel, un contacto sensual e íntimo.

El poema me va llevando de la nariz; en realidad es el lenguaje el que me lleva y a él me someto. Si hay plan, éste surge sobre la marcha.

La corrección es sobre todo espacial y poda de reiteraciones (no de obsesiones, que respeto). Ahora, es casi siempre, una corrección a medida que escribo. P.V.

MARÍA LATORRE
Grafoanalista